La vida le ha propuesto una dura prueba a Benjamin Mee (encarnado en el filme por el siempre correcto Matt Damon): su mujer ha fallecido y el hombre tiene que seguir adelante mientras trata de recomponer los lazos familiares con sus hijos, una adorable pequeña (Maggie Elizabeth Jones) y un adolescente (Colin Ford) que ha sumado a la natural rebeldía propia de su edad el inmanejable rencor que le ha producido la muerte de su madre. Mee es periodista, pero luego de la enfermedad y el fallecimiento de su esposa renuncia a su trabajo en un periódico de Los Angeles y, en el intento de salvar a su familia, decide mudarse y comprar una casona en el campo que incluye un zoológico que está casi en ruinas. Allí se encontrará con los encargados del mantenimiento de los animales: la bella Kelly (Scarlett Johansson), dos estrafalarios ayudantes (Patrick Fugit y Angus Macfadyen) y la pequeña Lily (a cargo de Elle Fanning). A los problemas que plantea llevar adelante un emprendimiento tan complejo como puede ser poner nuevamente en condiciones y reabrir al público un zoológico se suman los que genera la intervención del funcionario que debe conceder la habilitación del predio, interpretado por John Michael Higgins.
Sobre este esquema argumental, basado en una historia ocurrida en Inglaterra hace pocos años, el director Cameron Crowe elaboró una narración que intenta evitar los golpes bajos para rescatar la emotividad que propone el tema. Crowe, que antes hizo filmes como "Jerry Maguire", "Vanilla sky" y "Casi famosos", colaboró también en la confección del guión, con la intención de evitar en lo posible la tendencia al melodrama que la historia sugería. Desde luego, el argumento pone el acento en la importancia de las relaciones familiares, en la necesidad de no renunciar a las convicciones y en la apuesta al amor a pesar de los contratiempos y de las complicaciones.